

La adolescencia temprana coincide con una de las fases más activas del desarrollo cerebral, el período de "poda sináptica" y mielinización, en el que el cerebro reorganiza sus conexiones y fortalece las vías vinculadas al control de impulsos, la planificación y la regulación emocional.
Cuando la nomofobia, la dependencia patológica al dispositivo móvil, se instala en esa ventana, puede comprometer ese proceso de forma duradera.
El mecanismo tiene raíz en el sistema de apego. Entre los 12 y los 15 años, los adolescentes consolidan sus patrones de validación social. Un estilo de apego inseguro genera temor constante al rechazo y convierte al celular en un refugio, permite evitar la incertidumbre de las interacciones cara a cara sin necesidad de afrontarlas.
Nomofobia y ansiedad social se retroalimentan en ese circuito. Cuanto mayor es la evitación, menor es la tolerancia a la incomodidad social; cuanto menor es esa tolerancia, mayor es la dependencia al dispositivo.
Qué hace la terapia
La Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) aborda el problema desde tres frentes simultáneos: identifica las creencias nucleares de insuficiencia, cuestiona los pensamientos catastróficos vinculados a estar desconectado y aplica exposición gradual a situaciones sociales presenciales sin el teléfono como soporte.
Una técnica central es el entrenamiento en tolerancia al malestar. En sesión, el terapeuta guía al adolescente para que permanezca en situaciones emocionalmente incómodas (aburrimiento, silencios tensos, espera) sin recurrir al celular. Al registrar que la emoción tiene un pico y luego desciende sola, el joven comprueba que la angustia es pasajera y no requiere evasión digital.
Gabriel Genise, doctor en Psicología y director de la Carrera de Especialización en Psicoterapia Infantojuvenil de UFLO Universidad, sostiene que los profesionales que trabajan con adolescentes deben estar preparados para comprender tanto los mecanismos psicológicos subyacentes como las dinámicas actuales que moldean el comportamiento de los jóvenes.
El Fomo y el sueño
El uso nocturno del celular es uno de los factores con mayor impacto en la calidad del sueño y el rendimiento escolar. Según Genise, "la necesidad de validación nocturna suele estar impulsada por el Fomo (Fear of Missing Out), el miedo a perderse algo importante".
La intervención opera en dos niveles. En el conductual: retirar el dispositivo del cuarto y establecer pautas de higiene del sueño. En el cognitivo: reestructurar creencias como "si no respondo ya, me quedaré solo". El entrenamiento en respiración diafragmática reemplaza al celular como recurso para conciliar el sueño.
De policías a coreguladores
El rol de los padres es determinante. La TCC los orienta a abandonar el control punitivo y asumir la coregulación emocional: comprender y validar la ansiedad del hijo antes de intentar modificar su conducta.
Los contratos de contingencias (acuerdos claros, negociados y predecibles sobre el uso de la tecnología) y las rutinas compartidas libres de pantallas son las herramientas que la terapia propone para fortalecer el vínculo sin confrontación.
"La TCC no es solo una solución para el presente; es una inversión en la salud mental futura del adolescente", concluye Genise. "Y para que esa inversión sea efectiva, es imprescindible contar con profesionales debidamente preparados para la complejidad del trabajo clínico infanto-juvenil".



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